Pese a que se mostrará oficialmente en la Mobile World Congress de Barcelona, ya hay una primera imagen del LG G6.
El próximo teléfono de alta gama de la compañía surcoreana cuenta con
presentarse y lanzarse antes que el Galaxy S8 de Samsung para conseguir
más ventas y atención.
Por supuesto, esta no es su única apuesta, ya que el LG G6 introducirá un nuevo formato de pantalla y también se adelantará a otros rivales en la tendencia que puede marcar 2017 en el mundo de la telefonía móvil: las pantallas gigantes que apenas tienen bordes ni por arriba ni por abajo.
Se rumorea que el Galaxy S8 apostará por este formato, que el Apple también dará este paso con el iPhone
y que muchas otras compañías seguirán su estela. En lo que se refiere a
LG, está claro por la imagen filtrada que el G6 tendrá bordes muy finos
y una pantalla diferente.
No es solo cuestión de sus bordes redondeados, que ya son
algo nuevo, sino también de su proporción. Según rumores de las últimas
semanas, se dejarán atrás los 16:9 y se dará el salto al 2:1. En proporción, el frontal del teléfono será un 90% pantalla y un 10% bordes.
Pese a estas novedades, parece que el teléfono fallará en un aspecto importante: su procesador. Dado que Samsung está quedándose con los chips más avanzados de Qualcomm, el Snapdragon 835; LG ha tenido que integrar el ligeramente más anticuado Snapdragon 821 en el LG G6.
La
situación de LG en el mercado móvil es muy sensible, dado que no ha
podido competir con Samsung y Huawei en ventas ni tampoco ha conseguido
que su apuesta por los accesorios modulares con el LG G5 cautive a su
público.
El mercado del PC está tocado. La proliferación de otras
formas de conectarse a Internet, de teléfonos y tablets cada vez más
potentes y de dispositivos conectados que pueden hacer toda clase de
funciones están reduciendo los ingresos que obtienen los grandes
fabricantes. Año tras año, se han ido vendiendo menos ordenadores que nunca.
Aún
así, parece haber una pequeña esperanza para los fabricantes de
componentes de ordenadores: el mundo del videojuego. No el de las
videoconsolas, sino el de los ordenadores que están pensados con dicho
objetivo y que tienen algunas de las partes más sofisticadas, potentes
y, por supuesto, caras.
De media, un ordenador para
jugar construido por el propio jugador, algo muy corriente, puede costar
entre 600 y 2000 euros, dependiendo de si las partes son de gama más
baja o más alta. La cifra puede ser mucho más alta, por supuesto, pero
estos presupuestos son lo más generalizado.
Como bien indica la firma de investigación Jon Peddie Research,
que ha lanzado tres informes sobre el estado de la industria de las
piezas de ordenador para jugar, el mercado ha roto por primera vez el
techo de los 30.000 millones de dólares (28.000 millones de euros) en
2016.
El mayor crecimiento ha ocurrido en el mercado
asiático (que cuenta con tres de los mercados más potentes de
videojuegos, China, Corea del Sur y Japón), que ha subido un 9,6% a lo
largo del año pasado y que, según las previsiones, seguirá creciendo a
una media del 7% hasta 2019. En EEUU y Europa, el crecimiento ha sido
del 5,78% y el 6,63%, respectivamente.
El informe
también apunta a que las piezas de más alto precio y calidad acumulan
cerca del 43% del mercado, seguido del 35% de la gama media y el 22% de
la gama más baja. Sin embargo, este último porcentaje se estima que será
el que más crezca gracias a la bajada de precios de los componentes
para jugar de los últimos años.
Aún así, y aquí es donde
está el dato de más interés para los fabricantes, los jugadores no
tienen problema en pagar las piezas más caras siempre y cuando los
videojuegos ofrezcan una calidad y unas prestaciones por encima de sus
versiones en consolas.
Aunque PS4 y Xbox One son muy
potentes y pueden mostrar juegos a 1080p, los jugadores de PC buscan
resoluciones de 4K y aspiran a tener piezas capaces de mostrar títulos
como Doom, Star Citizen o The Witcher 3 al máximo de su capacidad.
A
su vez, la proliferación de la realidad virtual empuja aún más a la
adquisición de componentes de mucha potencia. Este es uno de los motivos
por los que aún es un producto marginal, si bien los jugadores de
ordenador no tienen problema en construir equipos adaptados a ella.
Entre la larga lista de novedades del CES se esconde una noticia curiosa. LG ha decidido eliminar la función de 3D de todos sus televisores en 2017. La característica no importaba a ningún comprador y su uso era anecdótico,
según han confirmado ejecutivos de la compañía. LG se suma así a Sony,
Samsung y otros fabricantes que o bien han abandonado el soporte para
imágenes en 3D en sus televisores o, si lo mantienen, lo hacen sin darle
visibilidad alguna.
Ha llegado la hora de dar las 3D por muertas. Lo sorprendente, a
estas alturas, es que todavía aguanten en las salas de cine pero la
inversión en salas compatibles con el sistema y equipos de rodaje
posiblemente las mantenga vivas en la gran pantalla durante un tiempo.
Como experimento para el mercado de consumo, han resultado un estrepitoso fracaso.
No lo tenían fácil. Las tres dimensiones eran una propuesta compleja.
El mayor obstáculo ha sido siempre la lucha contra una cultura visual y
una industria que siempre han funcionado en dos dimensiones. No sólo
requería que en los hogares hubiese una televisor compatible con la
función sino que las cadenas de televisión y la maquinaria de Hollywood
produjesen contenido capaz de aprovecharlo de forma coherente.
Reeducar a directores y creadores para entender las posibilidades
lleva tiempo y dinero. Dinero había, tiempo no, y lo que nos ha quedado
es la resaca del entusiasmo inicial, con escenas forzadas y el abuso
típico que se hace de cualquier tecnología durante los primeros años,
mientras se buscan los límites y las posibilidades.
No ha ayudado, tampoco, que la tecnología no estuviese madura en
soportes o accesorios. Obligar al consumidor a ponerse unas gafas para
ver la televisión era una propuesta absurda, tanto con gafas activas
como pasivas.
Ha quedado en una moda pasajera, en algo que contaremos a futuras
generaciones como una curiosidad, que recordaremos como recordamos los
primeros experimentos del cine en tres dimensiones de la década de los
50.
Los usuarios podrán usar una app para encontrar los auriculares bluetooth en caso de que los hayan extraviado
No son pocos los que han bromeado con su tamaño y con lo fácil que puede ser perderlos, pero Apple se lo ha tomado en serio
Encontrar los
AirPods puede ser muy complicado. Ya no es solo una cuestión de que los
auriculares bluetooth de Apple estén agotadísimos en todas las tiendas,
motivo por el cual hay que esperar semanas para tenerlos; sino que
también pueden perderse al ser tan pequeños y no tener un cordón que los
una.
Para
lo primero, Apple no tiene una solución. Solo recomendar paciencia e ir
reponiendo los auriculares a medida que se producen. Para lo segundo,
sin embargo, van a desarrollar una solución dentro de la app Find My
iPhone que permitirá encontrarlos a cierta distancia.
La primera información la ha dado The Wall Street Journal.
El diario explica que Apple integrará una opción en el sistema que
emplea para localizar teléfonos perdidos para encontrar los auriculares.
Esto, sin embargo, entraña ciertas limitaciones y problemas que limitan
la efectividad de la solución.
Por un lado, que los
auriculares tienen una batería limitada y funcionan por bluetooth, de
modo que hay que reaccionar relativamente rápido y cierca de los AirPods
si se quieren encontrar antes de que su batería se agote y sea
imposible localizarlos.
Sea como fuere, se podrán
localizar mediante el sonido que emiten los cascos cuando se activa la
funcionalidad o usando un mapa para geolocalizarlos, siempre y cuando se
esté a poca distancia de ellos. Además, si los auriculares están cerca
de algún dispositivo de Apple en tu propiadad, como un iPad, estos
podrán echar una mano para localizarlos, incluso si nunca se han
registrado en dicho dispositivo.
Por todo esto, está
claro que la nueva función para encontrar los AirPods es más útil para
encontrarlos si no sabes dónde los has dejado en tu casa o en tu oficina
que para recuperarlos en caso de haber perdido uno de ellos o de que te
los hayan robado.
Se trataba de una de las funciones más demandadas por los usuarios: poder utilizar WhatsApp
sin necesidad de contar con acceso a internet. Hasta la fecha, lo
primero que hacía la aplicación de mensajería era comprobar la
existencia del acceso a la red, y si esta no estaba disponible, la
herramienta tan solo permitía leer los mensajes recibidos pero no se
podía hacer mucho más. Una nueva actualización acaba de incorporar por
sorpresa la posibilidad de utilizar WhatsApp aunque no se tenga conexión
a internet, multiplicando las posibilidades de uso de la popular app de
chat.
Con esta actualización, WhatsApp
permitirá al usuario redactar mensajes y dejarlos “enviados” en el chat
del destinatario, de forma que cuando se recupere el acceso a internet
los mensajes sean enviados. Es decir, permite pulsar el botón de
'enviar' aun sin conexión. ¿Por qué es importante esta nueva función?
WhatsApp es cada vez una herramienta más potente de trabajo y son muchos
los escenarios en los que queramos avanzar nuestras tareas en
situaciones en las que el acceso a internet no esté disponible (vuelos,
párkings o simplemente edificios en los que no haya cobertura). Al
dejarse como enviados quedarán en cola de salida y llegarán a sus
destinatarios en cuanto el móvil recupere la conexión a internet.
Esta potente funcionalidad ha llegado de la mano de la actualización
2.17.1 que ha sido publicada por la empresa perteneciente a Facebook
hace tan solo unas horas. La nueva versión llega con otro regalo bajo el
brazo: la posibilidad de enviar fotografías de forma masiva, ya que la
app supera las limitaciones previas y ahora permite enviar hasta treinta
fotografías y vídeos en un solo lote.
Además, WhatsApp
ha rediseñado por completo la gestión del almacenamiento de manera que
el usuario puede acceder a las fotos y vídeos (y resto de documentos)
enviados por cada chat y borrarlos directamente. Esta nueva interfaz
facilita enormemente la gestión de los adjuntos, algo que sin duda
agradecerán los que se estén quedando sin espacio en el móvil. La nueva
versión está disponible ya tanto para Android como para el iPhone.
Necesito o quiero comprar auriculares nuevos, pero la elección se presenta más difícil que nunca.
A
la oferta de la multitud de diferentes diseños y funcionalidades se
añade otra pregunta a la hora de escoger el dispositivo óptimo: ¿los
compro con o sin cable?
Por ello es importante conocer las ventajas y desventajas de estos auriculares que están creciendo en popularidad.
Y
es que aunque a primera vista los auriculares inalámbricos son más
convenientes porque permiten total libertad de movimiento, pueden
presentar algunas desventajas respecto a los modelos con cable.
VENTAJAS
1. Libertad de movimiento
La principal ventaja de los audífonos inalámbricos para la televisión y para hacer deporte es, sin duda, la libertad de cables.
Ya
no tendremos que desenrollar el cable para poder escuchar una canción,
se acabó tener que esconder el cable y se acabó que el cable nos moleste
al movernos.
2. Distancia
El cable limita la distancia a la que podemos movernos alrededor del dispositivos de sonido.
Normalmente, los cables acostumbran a ser de 1 o 1,5 metros, por lo que ese es el radio de acción.
Y
aunque inalámbrico no significa que podamos movernos distancias
ilimitadas, permite un rango de movimiento mucho mayor, de hasta 8-9
metros con respecto al emisor del sonido.
3. Conexión a varios dispositivos
Otra de sus ventajas es que se puede cambiar de dispositivo sin tener que cambiar el cable.
Si queremos utilizar el auricular en otro dispositivo lo único que tenemos que hacer es vincularlo con el nuevo aparato.
DESVENTAJAS
1. Calidad de sonido e interferencias
La
principal desventaja es que la calidad del sonido es peor que la de los
que tienen cables y se pierden muchos detalles auditivos, tanto en la
música como en las trasmisiones de programas de televisión, películas y
series.
También son propensos a sufrir interferencias, y más en un entorno tan cargado como el actual.
En
los estudios de grabación se van a continuar usando auriculares con
cables, porque estos son los únicos que pueden garantizar cero
interferencias, es decir, que no haya cortes en la transmisión.
2. Precio
Unos auriculares wireless o sin cable implican un mayor precio.
Se paga el diseño, la conexión y también las funciones extra.
3. Batería
Como el resto de los aparatos electrónicos, los auriculares inalámbricos también necesitan ser recargados.
Al
igual que con ocurre con los teléfonos, si eres un usuario intensivo de
auriculares también también hay que alimentar los auriculares wireless para que sigan funcionando.
Además, el dispositivo que emite la señal acústica también verá como su batería se agota antes.
4. Dificultad de uso y compatibilidad
No
todo el mundo sabe cómo conectar unos auriculares sin cables a sus
dispositivos, y no todos los dispositivos tienen por qué tener conexión
inalámbrica.
Los transistores de toda la vida, obviamente, no tienen bluetooth ni infrarrojos, e incluso puede haber problemas con algunos teléfonos celulares.
Pero
en caso de que lo tengan, es fundamental comprobar qué sistema de
conexión requieren los auriculares deseados y si los aparatos con que lo
vamos a usar son o no compatibles.
Samsung ha reconocido oficialmente que la causa que provocó que algunos de sus smartphone Galaxy Note 7
se incendiaran fueron los dos tipos de baterías con los que fueron
equipados, por sendos problemas de diseño y de soldadura, que causaron
cortocircuitos y provocaron la combustión de los equipos, según señaló la compañía en un comunicado
El
fabricante explicó que se produjo una coincidencia fatal en los dos
tipos de baterías que usó en su modelo ya que en ambas se produjeron
cortocircuitos aunque por razones distintas. En las primeras, que
equipaban los primeros dispositivos que salieron al mercado el pasado 19
de agosto, se produjo un fallo en el diseño en la esquina superior
derecha que provocó deformaciones en el electrodo negativo, creando un
cortocircuito en algunas de las celdas y un posterior
sobrecalentamiento, que se propagaba en cascada haciendo que se quemara
el dispositivo.
Estas primeras baterías fueron fabricadas por Samsung SDI
(aunque en la investigación se denominan simplemente como "batería A").
Cuando aparecieron los primeros casos, y Samsung procedió a retirar los
terminales, utilizó para las unidades de reemplazo baterías de la marca
china Amperex Technology Ltd (ATL) (denominada "batería B" en la
investigación). Pero lo apresurado de la fabricación hizo que
presentaran un defecto de soldadura, provocando también cortocircuitos y
el consiguiente sobrecalentamiento del aparato.
"Estos fallos se produjeron en parte por las
especificaciones y demandas que nosotros exigimos a los proveedores. El
Note 7 equipaba una batería del mismo tamaño que anteriores modelos pero
con más capacidad de carga y necesitaba de nuevos procesos de
fabricación y ensamblaje. Por ello, nos consideramos responsables del
fallo producido", aseguró Koh Dong-jin, presidente de la división de
móviles de Samsung.
Investigación independiente
La investigación de Samsung, que se ha apoyado en los
informes de tres organizaciones industriales independientes (UL,
Exponent y TÜV Rheinland), concluye que la causa de las explosiones
fueron solo las baterías, y en ningún caso, un problema de hardware o de
software. En la investigación interna participaron 700 ingenieros que
examinaron más de 200.000 dispositivos y 30.000 baterías, según indicó
la compañía, que retransmitió vía web la rueda de prensa.
Y es que Samsung no está escatimando esfuerzos para
recuperar la credibilidad perdida y ha anunciado la creación de un
programa de un comité de seguridad técnico que supervisará los
componentes de las baterías, y ha redactado un nuevo programa de
verificación de ocho puntos para garantizar que las baterías son
seguras.
El gigante electrónico de Corea del Sur, el mayor vendedor
de teléfonos inteligentes en el mundo, señaló que el 96% de los Galaxy
Note 7 comercializados en todo el mundo ya han sido retirados y
devueltos a la compañía, tras la actualización del software que realizó
el pasado 19 de diciembre que invalidaba los terminales e impedía su
funcionamiento.
La compañía retiró más de tres millones de Galaxy Note 7 de diez mercados cuando surgieron las primeras quejas en septiembre pasado
de que las baterías de litio explotaban o se incendiaban durante la
recarga. Posteriormente, volvió a lanzar el terminal supuestamente
arreglado pero tuvo que dar marcha atrás y suspender definitivamente la producción y distribución del Note 7 el 11 de octubre pasado cuando volvieron a aparecer casos de que teléfonos de reemplazo que también se incendiaban.
La firma surcoreana lanzó entonces una campaña de recogida de todos los terminales
comercializados, con la opción de reembolsar el dinero o sustituirlo
por otro terminal de la marca de alta gama. Las autoridades de Estados
Unidos y, posteriormente, de otros países, prohibieron el dispositivo en aviones e incluso en equipajes facturados.
En España , la distribución de Note 7 fue mínima, y se
estima que solo varios centenares de terminales estuvieron en manos de
aquellos clientes españoles que se apuntaron al periodo de preventa
iniciado en la segunda quincena de agosto y recibieron el terminal el 30
de ese mes, fundamentalmente a través de las compañías telefónicas o la
propia tienda online de Samsung. El estreno oficial se iba a producir el 9 de septiembre pero se suspendió, como en el resto de Europa, cuando comenzaron a aparecer los primeros problemas en las baterías.
Recuperar la confianza
Con la publicación del informe, el gigante surcoreano aspira
a recuperar la confianza de los consumidores y pasar página en la
crisis que causó la retirada en todo el mundo de su phablet de
alta gama. Para ello confía en el lanzamiento del Galaxy S8, aunque su
estreno se postponga hasta primavera, en lugar del estreno previsto en
el Mobile World Congress de Barcelona que se celebra a finales de
febrero.
El fiasco del phablet Note 7, llamado a ser el terminal estrella capaz de eclipsar al iPhone 7, a cuyo estreno se adelantó intencionadamente, se ha dejado notar en la cuenta de resultados.
El beneficio operativo de la división de electrónica del grupo
surcoreano fue de 5,2 billones de wones (unos 4.200 millones de euros)
entre julio y septiembre, un 29,6% menos en comparación con lo
registrado en el mismo periodo del año anterior. Sus previsiones
incluyen recortes adicionales del beneficio operativo por valor de 2.800
millones de euros en los próximos dos trimestres, pero esta previsión
puede ser revisada este martes, cuando la compañía tiene previsto
publicar los resultados correspondientes al cuarto trimestre del año
pasado, en el que las estimaciones apuntan a una notable recuperación de
su beneficio operativo gracias a las mayores ventas de chips y
pantallas.
La firma electrónica se enfrenta también estos días a un
escándalo de tráfico de influencias con la presidenta de Corea, Park
Geun-hye, que está causando un terremoto político en el país, por su
sistema de clientelismo.